UNA NOCHE EN NUEVE BARES DE BOGOTÁ.
Por: RAFAEL RICARDO RAMÍREZ DÍAZrazkamelas@hotmail.com
Primera Parte (basado en una historia real)
En esta crónica quedara demostrado que una mala influencia con mucho dinero puede llegar a hacer cometer ciertas locuras a quienes lo rodean…
Es una tarde calurosa en Bogotá, luego de una mañana extenuante en el trabajo y un buen almuerzo cualquier individuo añoraría una siesta, más si es un lunes o martes en donde la madrugada realmente pega duro y el fin de semana estuvo lleno de actividades lúdicas y agotadoras.
Son aproximadamente las dos de la tarde cuando Andrés* logra conciliar un poco el sueño y repentinamente suena “Smoke on the Water” en el celular y mas dormido que soldado en guardia contesta el celular: - ¡que hubo loco!, ya voy para allá que tengo una platica que me pagaron y pues de paso le pago a usted ¿listo? -Si, si, si, lo que sea todo bien.
Un segundo después de haber colgado, Andrés* se pregunta que fue lo que dijo su amigo y al no entrar completamente en razón decide seguir durmiendo. Alrededor de media hora después llega Cesar* nuestro anfitrión a quien no le importa ni hora, raza o razón social para inducir a cierto tipo de actividades las cuales incluyen alcohol, cigarrillos y chicas fáciles.
Seguidamente se completa la trilogía, el amigo que nunca aparece justamente ese día se hace presente después de un mes de ausencia debido a universidad, novia u actividades extracurriculares que hacen imposible una cita en la cual se dialogue asuntos de la vida y minucias cotidianas.
Luego de una charla amena nuestra primera estación se encuentra en la calle 57 con 16 en Bogotá, unos baños turcos en donde el ambiente es un poco frío ya que son alrededor de las 4 de las tarde y son los únicos clientes, tras un pequeño lobby se encuentra una dama robusta y muy cordialmente ofrece algo de tomar, los precios son adecuados y luego de dos cervezas la trilogía opta por desertar y probar mejor suerte en otra parte de la ciudad.
La segunda estación se remonta a un sitio de conocimiento popular entre taxistas, viejos verdes y hombres algo desocupados que no saben en que invertir su dinero; “El Castillo” que afortunadamente aún se encontraba en “happy – hour” y por consiguiente la cerveza era un poco mas económica. Después de una requisa y una ubicación en el sitio se acerca un camarero del sitio esperando la solicitud de estos tres personajes. -Hombre por qué no te llamas a dos niñas para que podamos charlar un ratito bien chévere, dice Cesar* en un tono sobrado y burlón -. - Con mucho gusto caballero, ¿qué más les puedo ofrecer? - Traéme tres cervecitas por ahora parcero. - Con todo respeto caballero pero no creo que las señoritas se acerquen si usted se encuentra consumiendo cerveza.
Tras esta anotación Andrés* asiente con el camarero del sitio y propone pedir las cervezas esperando que el ambiente mejore ya que nuevamente son los únicos clientes del sitio y aún son las cinco y media de la tarde.
Irritado por el camarero, Cesar* se ofende al ver que no se le esta tomando con el debido respeto según el que se merece y acto seguido la comunidad se desplaza nuevamente, esta vez al lado del “Castillo”, la tercera estación: “Doll’s house” un sitio pequeño y acogedor en donde la música electrónica predomina y tras dos intentos fallidos; los personajes encuentran una mujer realmente atractiva la cual al ver que el trío ordena cerveza, decide salir a esperar una mejor oportunidad con un transeúnte y de nuevo la trilogía se encuentra sola en el bar.
Que se le hace, bueno, luego de tres cervezas nuestros personajes se encuentran en la misma zona recorriendo y buscando algo que les llame la atención. Una publicidad algo discreta pero llamativa nombra un sitio llamado “Troya” el cual circula la mente de Andrés* que inmediatamente propone entrar a este sitio que viene siendo la cuarta estación…
Esta historia continuará…
*Nombres cambiados por sugerencia.
Dibujo: Néstor Eduardo Camacho Castro.

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